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Alergia al polen y a los ácaros

No cabe duda de que el cambio climático ha alterado los patrones temporales de sensibilización a alérgenos. Lo han notado los insectos, como la procesionaria del pino, que ha adaptado su ciclo biológico a estos cambios provocando cuadros alérgicos desde los primeros meses del año, cuando antes bajaba de los pinos al inicio de la primavera. Las seguimos con el proyecto europeo URTICLIM.

En cuanto al polen, hay especies que polinizan en otoño e invierno, entre ellas diferentes malezas y, desde noviembre, el polen de ciprés, que causa síntomas respiratorios que se confunden con cuadros gripales. Se diferencian de ellos por la ausencia de fiebre. En el día de todos los santos hay personas con síntomas por su polen y el del crisantemo, flores que habitualmente llevamos a las tumbas de nuestros seres queridos.

Respecto a los alérgenos de interior (ácaros y epitelios de animales), es lógico que al pasar más tiempo en el interior de las casas por el frío reinante, la exposición y los síntomas aumenten. Es posible que el pienso de nuestras mascotas se contamine por un ácaro de almacén, que en nuestra zona es el Lepidoglyphus destructor. Para el tratamiento de la rinitis y asma por ácaros afortunadamente existe inmunoterapia específica (o vacunas contra alérgenos) muy eficaces.

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Tampoco hay que dejar de lado la alergia al frío. Hay cuadros de alergia al frío congénitos (lo padece el neonato nada más nacer) y adquiridos. Ambos se diagnostican colocando un cubito de hielo sobre la piel y comprobando el habón resultante. La urticaria por frío idiopática (o de causa desconocida) es la forma más frecuente, aparece en jóvenes, y dura de 4 a 9 años. El estímulo que la desencadena puede ser manipular objetos fríos, las bajas temperaturas o exponerse a un viento gélido.

Menú de otoño y alérgenos

En la alergia a alimentos también podemos identificar un patrón estacional. En verano, por ejemplo, predominan las alergias a frutas de la familia de las rosáceas (melocotón, paraguaya, albaricoque, cereza, ciruela..). Luego, al llegar el otoño, nuestro organismo nos pide comer alimentos de alto valor energético. Se debe a que, como ciertos plantígrados y animales capaces de hibernar, conservamos en la glándula pineal de nuestro cerebro capacidades para la hibernación, actualmente en reposo, pero que posiblemente usaron nuestros antepasados para resistir las glaciaciones hace más de 20.000 años.

Entre esos alimentos que aumentan nuestras reservas de energía destacan los frutos secos, que son potentes alérgenos. Por esto son más frecuentes las alergias alimentarias en las fiestas navideñas, sobre todo por la avellana, la almendra y la nuez.

Por otro lado, últimamente se han puesto de moda los suplementos a base de semillas de diversas plantas como la chia, las bayas de goji, o las semillas de sésamo y lino que son fuente importante de fibra pero también de alérgenos. Entre ellos las temibles LTPs (proteínas transportadoras de lípidos), antifúngicos naturales que causan anafilaxias.